Challenge V Vuelta Ciclista a Guijuelo

12 y 13 de julio de 2025

Guijuelo volvió a ser este fin de semana uno de esos lugares donde da gusto trabajar. La Challenge V Vuelta Ciclista a Guijuelo reunió en categoría cadete a casi cuarenta equipos en dos jornadas intensas de ciclismo, y nosotros estuvimos allí, diez motoenlaces acompañando el desarrollo de la carrera durante el sábado y el domingo. Pero lo cierto es que nuestro trabajo fue especialmente fácil gracias a un engranaje organizativo de esos que marcan la diferencia.

Lo primero que queremos destacar es el despliegue de la Guardia Civil de Tráfico, que una vez más demostró por qué es la columna vertebral de la seguridad en carrera. Con un rodillo perfectamente coordinado y cuatro banderas amarillas en permanente rotación, el pelotón se movía con fluidez y protección desde el primer kilómetro. Nosotros, como motoenlaces, pudimos centrarnos en señalizar giros, obstáculos y peligros puntuales con más calma, precisamente porque el dispositivo estaba tan bien montado que no era necesario apagar fuegos.

La organización nos lo puso muy fácil. Literalmente. En cada cruce, en cada salida secundaria, en cada punto conflictivo del recorrido, nos encontrábamos cinta enrollada ya colocada, solo pendiente de estirar. En muchos casos ni eso: el coche de la organización que abría carrera hacía funciones de seguridad interna de manera impecable, desplegando cintas incluso antes de que llegáramos. Esa previsión nos permitió concentrarnos en nuestra labor específica, sin tener que desdoblarnos en tareas que, en otras pruebas, a menudo asumimos por falta de medios o planificación.

Y cuando las cosas se hacen bien, se nota. La atención al detalle fue constante. Desde los parkings de motoenlace señalizados —tanto en la zona de salida como en las llegadas— hasta el trato personal del organizador, que estuvo pendiente de todo el equipo en cada momento. Es difícil encontrar eventos donde uno se sienta tan bien integrado, tan bien valorado y, sobre todo, tan bien acompañado.

No faltaron las típicas intervenciones que ya forman parte de nuestro día a día: cortes de tráfico, control de accesos, algún coche despistado… pero fueron la excepción y no la norma. La sensación general fue la de formar parte de un engranaje donde cada pieza sabía perfectamente lo que tenía que hacer. Y eso, cuando se trata de seguridad en carretera, es un lujo.

Nos vamos de Guijuelo con la satisfacción de haber hecho bien nuestro trabajo, pero sobre todo con el reconocimiento a quienes lo hicieron incluso antes de que llegáramos. Gracias a la organización, a la Guardia Civil de Tráfico y a cada voluntario que hizo posible esta edición de la vuelta. Y si nos preguntan si volveríamos… la respuesta es sencilla: siempre.